Una red epistolar entre comunidades escolapias

Ha surgido una iniciativa que puede ser interesante. Contarnos unos a otros la marca de nuestras comunidades, siguiendo el estilo que ya San Pablo hacía en la naciente Iglesia. Posiblemente a algunos os llegue alguna carta de otra comunidad y, si no es así, ahí os va un escrito animándoos a hacerlo.

Carta a la Comunidad…

Queridas hermanas y hermanos, que la paz del señor esté con vosotros y os siga bendiciendo siempre como lo ha hecho hasta ahora.
Hace ya tiempo que venimos dialogando  en nuestra comunidad sobre la necesidad de conocer mejor cómo vivís otras comunidades cristianas cercanas, los descubrimientos que habéis hecho y las dificultades que tenéis en vuestro camino de seguimiento de Jesús.

Hoy en día, son muchos los medios que nos permiten ponernos en contacto y conocernos mejor y algunos ya los estamos utilizando: reuniones, publicaciones, redes sociales,…

 

En esta ocasión, sin embargo, queremos utilizar este medio de la carta para invitaros a iniciar una comunicación epistolar provechosa para nosotros y para quienes nos lean. De sobra sabemos lo que cuesta escribir una carta y quizás por ello el valor que tiene.

Una carta, si es colectiva, además, tiene la fuerza que supone la lectura en común, la reflexión compartida, incluso la cuestión discutida. Quizás vuestras comunidades hayan tenido la experiencia alguna vez de leer una carta enviada por algún hermano desde otro lugar, informando sobre sus experiencias de misión o pidiendo apoyo para algún proyecto o simplemente contando cómo le va. Siempre son momentos de especial intensidad, en el que el recuerdo de la persona y el interés de la experiencia relatada se concentran en unas pocas líneas.
Asimismo, es habitual en nuestras comunidades la lectura, muchas veces compartida, de las cartas y documentos que recibimos de nuestros pastores o de otras instancias eclesiales. Es siempre motivo para la reflexión profunda y el discernimiento comunitario, así como para el fortalecimiento de nuestro vínculo con el resto de la Iglesia Universal.
Seguro que todos hemos tenido en el corazón  alguna vez a las comunidades que Pablo fundó por el Mediterráneo y acompañó en la distancia con sus cartas. Es precioso leer hoy, dos mil años después, las cosas que preocupaban a aquellas comunidades y el cariño con el que Pablo les mandaba saludos, palabras de ánimo, consejos, advertencias… La lectura orante de estas cartas es en muchos casos fuente de inspiración para sentirnos unidos a aquellos que fueron los primeros en recibir un fe que gracias a tantos ha llegado hasta nuestras manos y tenemos el compromiso de transmitir.
Sin pretender escribir hoy algo que dure tantos años, os invitamos a compartir, por este sencillo medio de las cartas, vuestras vivencias, descubrimientos, preocupaciones, consejos y, por qué no, advertencias.
La dinámica concreta que proponemos es responder a esta carta y enviar más a otras comunidades. Queremos que esta comunicación sea abierta a todas las comunidades  interesadas y la podamos ofrecer a nuestra Iglesia como signo de comunión, por lo que es importante que recordemos siempre el compromiso de publicidad, es decir, la posibilidad de que las cartas sean publicadas, siempre con el objetivo de ayudarnos a ser mejores seguidores de Jesús y signo de su Evangelio.
Recibid un fraternal abrazo.

Una comunidad de la Fraternidad de las Escuelas Pías

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