UNAS ESCUELAS PÍAS REVITALIZADAS

Llevamos ya unos cuantos años con el objetivo de revitalizar las Escuelas Pías, no porque hayan estado sin vida sino precisamente porque la misión a la que nos sentimos llamados nos sigue urgiendo a convocar a más personas y a crecer en vida.

Para ello una de las claves fundamentales es la cultura vocacional, la actitud convocante a sumarse a la vida y misión escolapias como posibilidad de ser plenamente felices y de colaborar en la construcción de un mundo mejor.

Y así llegamos a esta Nochebuena con algunos datos que se convierten en signo de esperanza y de más vida, junto al Dios que se llega a la vida como hombre en Belén. Los citamos brevemente:

  • 1.005 religiosos escolapios con votos solemnes
  • 224 religiosos escolapios en etapa de formación
  • 42 novicios
  • En torno a doscientos prenovicios y más en momento de discernimiento inicial
  • 19 escolapios laicos, miembros de la Fraternidad y con promesa de integración carismática y jurídica
  • 903 hermanos y hermanas en la Fraternidad compartiendo carisma, espiritualidad, vida y misión.
  • 16 ministros laicos de pastoral (más 4 en formación), 7 ministros laicos de la educación cristiana (más 2 en formación) y 3 ministros laicos de la transformación social.
  • 14 miembros de la Fraternidad enviados a otros países u otras presencias en el mismo país.
  • más de 300 miembros de la Fraternidad con dedicación laboral en obras escolapias.
  • varios cientos en equipos de misión compartida.
  • más de doce mil miembros del Movimiento Calasanz
  • más de 150 proyectos compartidos en la red de Itaka – Escolapios
  • miles de colaboradores como voluntarios, bienhechores, en la misión escolapia.
  • cientos de miles de niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos, a las que alcanza ya la misión escolapia en el mundo y bastantes más que esperan una ayuda en la situación en que viven.

Ciertamente vivimos en tiempos de Navidad, de presencia de Dios en muchas afueras de las ciudades.

Como escolapios, religiosos y laicos, hemos de posibilitar que nazca en medio de nuestra tierra y que podamos cantar en verdad: “¡Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a las personas que Él tanto quiere!”

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