¿Y si te llama a ti?

Dios es nuestro Padre y como todo padre o madre tiene sueños para sus hijos, para ti y para mí.

¿Le pregunto con frecuencia qué ha soñado para mi vida? ¿Estoy abierto a su voluntad que será siempre lo mejor para mí y para el mundo?

Nos puede ayudar a orar también esta canción de Luis Guitarra: http://www.youtube.com/watch?v=gflvOkv6v0Y

Unos días de oportunidad

Conviene dedicar algún día cada año a preguntar a quienes están a nuestro lado y preguntarnos a nosotros mismos por nuestra vocación.

¿Qué quiere Dios de mí en este momento?

Y todavía más en concreto conviene plantear la importancia y necesidad de las vocaciones consagradas a Dios en la vida religiosa y en el servicio sacerdotal.

En eso estamos estos días.

Un gran reto hoy: ser religioso, sacerdote, escolapio

Durante una semana queremos lanzar unas sencillas iniciativas que nos ayuden a ahondar en este gran desafío de nuestro tiempo: ser sacerdote, ser religioso, ser escolapio.

Cuando se celebra la Jornada mundial de oración por las vocaciones puede ser buen momento para comenzar estos días de especial escucha a las llamadas que nos puede hacer el Señor a cada uno de nosotros.

Presentaremos algunas oraciones, vídeos, reflecxiones, testimonios… y, sobre todo, una invitación y un desafío: atrévete a preguntarle a Jesús en tu oración qué es lo que espera de ti.

 

Saludo desde el Seminario de vida comunitaria

      “Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.” Lucas 24,35

Queridos hermanos:
Nuestro saludo alegre y fraterno en esta Octava de Pascua, cuando hemos celebrado el Seminario de Vida Comunitaria Escolapia. Han sido unos días de encuentro y compartir entre hermanos, donde se ha manifestado con fuerza la comunión de la Escuela Pía universal y nos hemos acercado a un aspecto fundamental de nuestra vocación: la vida comunitaria. Nos hemos escuchado unos a otros a través de reflexiones, comunicaciones, experiencias y diálogos, que junto a los momentos de oración nos han permitido encontrarnos en lo profundo. El sentimiento de alegría que nos invade nos mueve en este momento a compartir brevemente con ustedes un poco de lo vivido.
Somos conscientes de las diversas claves de vida que la Orden impulsa actualmente y de la importancia de cada una de ellas, pero también hemos podido constatar que, en este momento de nuestra historia, estamos convocados a reconocer la relevancia particular de nuestra vida comunitaria: el ministerio escolapio que realizamos de tan diversas formas requiere una vida fraterna profunda y auténtica, centrada en Jesús y en nuestra identidad escolapia. Tenemos claro que la comunidad surge de un don que Dios regala, pero también de una opción que debemos asumir como parte de nuestra misión como escolapios. En este tiempo marcado por el individualismo, hemos podido ver la importancia de la vida comunitaria como un signo preclaro de esperanza para nuestro mundo y para nuestra Orden, pero especialmente para nuestros niños y jóvenes.
Por eso quisiéramos hacer una invitación para que todos nos atrevamos a descubrir con renovado espíritu nuestro ser comunitario: a darnos la oportunidad de reflexionar sobre el porqué de vivir como hermanos en nuestros tiempos, a descubrir que ser fieles a nuestra vocación implica encontrar en el hermano un lugar privilegiado para servir a Dios, a ir más allá de los proyectos aislados que a veces hemos vivido para atrevernos a salir de nosotros mismos y construir verdaderas comunidades que sean signo esperanzado del Reino de Dios, y sobre todo a comprender que todo el bien que hagamos a nuestra vida comunitaria redundará en el bien de los niños y jóvenes que estamos llamados a servir.
Recordamos de manera especial a nuestros hermanos escolapios mayores, algunos ancianos, otros enfermos. Ellos son para nosotros testimonio vivo de la fidelidad a la vocación escolapia y de ellos hemos recibido la responsabilidad de encarnar en este momento el carisma de San José de Calasanz. Su ejemplo de vida es una luz en el camino y una razón para agradecer y confiar en el Señor.
Finalmente, enviamos nuestro saludo afectuoso y alegre, confiados en que este llamado a construir la vida comunitaria será posible si, confiando en Dios, todos ponemos lo mejor de nosotros mismos al servicio de los hermanos. Nuestro más sincero cariño y aprecio por cada uno de ustedes.

Miembros del Seminario de Vida Comunitaria Madrid, 5 de abril de 2013