Memoria agradecida al P. Ángel Ruiz, Sch.P.

Ha fallecido el P. Ángel Ruiz Isla de los Sagrados Corazones, Padre General de nuestra Orden desde 1973 hasta 1985. Sin duda, son muchos los recuerdos, sentimientos y convicciones que su partida definitiva provoca en todos nosotros, Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías. No sólo en los que le conocimos como nuestro P. General, sino en todos los que han venido después a formar parte de nuestra Familia, porque sus aportaciones, intuiciones y retos siguen siendo válidos hoy.

Escribo esta «memoria agradecida» porque estoy seguro de que la acción de gracias es la actitud que espontáneamente brota de los corazones de todos los escolapios y de todas las personas, muchísimas, que aman nuestra Orden.

En primer lugar, agradecimiento a Dios, nuestro Padre, por la persona, la vida, la entrega, el amor a la Orden, la lucidez y, sobre todo, el afortunado atrevimiento y tesonera paciencia con la que el P. Ángel Ruiz vivió su vocación escolapia y asumió su servicio de sucesor de Nuestro Santo Padre.

Agradecimiento al P. Ángel, por todo su servicio a la Orden, en los diversos ministerios que asumió, todos ellos en tiempos complejos en los que emergía un nuevo futuro que había que saber entrever y acompañar. Fue formador, superior de comunidad, superior provincial en la entonces Provincia de Castilla, Padre General, director espiritual, profesor en nuestros colegios… y todo lo hizo con dedicación y entrega. Pero, por encima de todo, fue un religioso escolapio apasionado de su vocación. Me gustaría proponer su figura como un precioso ejemplo de una vida escolapia vivida intensamente, con afán de plenitud.

Agradecimiento a los regalos que nos deja. Con él, muchas generaciones de escolapios hemos aprendido a amar profundamente a Calasanz, a amar nuestra Orden, a entender lo que significa vivir apasionadamente la misión. Él nos enseñó la importancia de frecuentar el futuro y de trabajar consistentemente en el presente para hacerlo posible. Él nos recordó el amor preferencial por los jóvenes; la universalidad del carisma calasancio, que es un don maravilloso para todo el Pueblo de Dios; el desafío de engendrar una comunidad cristiana centrada en el carisma de San José de Calasanz; la necesidad de pensar la Orden y revitalizarla para hacernos capaces de un futuro mejor. Nos dio un precioso testimonio de fe, de amor por la Orden, de fidelidad a Calasanz. ¡Gracias, querido P. Ángel, por todo lo que has vivido y nos has ayudado a vivir!

Poco a poco la enfermedad fue debilitando sus facultades, y aquella mente privilegiada, capaz de mirar siempre un poco más allá, se fue apagando poco a poco. Vivió sus últimos años cuidado amorosamente por sus hermanos de comunidad, en la Residencia de Gaztambide de Madrid. Desde aquí, gracias también a todos los que le habéis cuidado, a quien le daba la mano en cada Eucaristía para que sintiera el amor de sus hermanos, a todos los que día a día hacéis comprender a nuestros mayores lo agradecidos que estamos por ellos y por su vida.

Son muchos los textos del P. Ángel a los que podría recurrir para recordar algo de su extraordinaria aportación a la vida de las Escuelas Pías. Quiero recoger uno que me viene ahora a la memoria, y que el P. Ángel escribió en el año 1979.

«La renovación en profundidad, que no se ha hecho, está exigiendo la fidelidad creadora. Pero ésta solamente es posible cuando se da en los escolapios una tensión continua hacia el Fundador. La revitalización de las Escuelas Pías será -entre otras cosas- fruto de una relectura afectiva del Santo Fundador, Calasanz, para redescubrir amorosamente el acontecimiento de gracia por él vivido. El desafío que hoy se debe plantear todo escolapio es precisamente descubrir a Calasanz como lugar teológico. Porque el carisma calasancio es sobre todo un caudal de gracia que «se revela como experiencia del Espíritu». Volver a las fuentes significa también el retorno perenne al Fundador. No para modernizarlo o para repetirlo con fidelidad literal, sino para traducirlo en clave actual en fidelidad creadora siempre creciente. Para traducirlo en términos operativos de conversión interior. Porque fundamentalmente se trata de aprender del Fundador a «ser testimonios creíbles».

La mejor manera de recordar a los que se van es tratar de vivir desde lo mejor que aprendimos de ellos. Oremos confiadamente a Dios, nuestro Padre, por el P. Ángel Ruiz Isla, para que el Señor, en su infinita misericordia, le conceda esa plenitud que a todos nos tiene prometida y que nuestro querido P. Ángel buscó con intenso amor.

Descanse en paz en las manos amorosas de Dios.

Pedro Aguado Sch. P.

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