NO TE OLVIDES DE LOS POBRES

 A los pocos días de ser elegido, el Papa Francisco nos contó algunas cosas de cómo había vivido su propia elección. Entre otras cosas comentó que poco antes de la elección, cuando ya se veía claro el resultado final, uno de los cardenales se acercó a él y le dijo “No te olvides de los pobres”. En ese momento –confesó-decidió el nombre que iba a utilizar como Obispo de Roma. Este pequeño “secreto” contado por el propio Santo Padre está marcando los primeros pasos de su ministerio y marcará, sin duda, a la Iglesia. Francisco nos dice que quiere “una Iglesia pobre para los pobres”.

Cuando escuché esta reflexión del Papa, enseguida vino a mi memoria el precioso texto de Pablo en su Carta a los Gálatas (Gal 2,2) en el que nos narra las discusiones en torno a los destinatarios del anuncio evangélico y los criterios pastorales que eran más convenientes. Había diversas sensibilidades en la comunidad, como todos sabemos. Pero al final, llegaron a un acuerdo de lo que cada uno tendría que hacer (Pablo y Bernabé por un lado, Pedro y Santiago por otro), pero los apóstoles les dieron un encargo que Pablo se ocupó de dejarlo escrito: les pidieron únicamente que no se olvidaran de los pobres. Esta fue la única condición para este “acuerdo apostólico”.

Esta llamada, esta opción, está desde el principio en el centro de la vida de la Iglesia, sencillamente porque está en el centro del mensaje evangélico y de la vida y misión del Señor. Y está, desde el principio, en el centro de nuestras queridas Escuelas Pías. No nos olvidemos de los pobres, pues “para ellos se fundó nuestro Instituto” (Calasanz, EP 2812). Precisamente porque está en el centro, porque es nuclear, merece la pena que estemos en permanente reflexión y discernimiento de lo que puede y debe significar para las Escuelas Pías “haber sido fundadas principalmente para los pobres”.

Con esta Carta fraterna quisiera simplemente llamar la atención sobre algunos retos que esta llamada tan escolapia de “no olvidarnos de los pobres” nos puede plantear. Serán sólo algunas reflexiones breves, aunque soy consciente de que cada una de ellas tiene muchos elementos que habría que desarrollar. El carácter de “saludo a los hermanos” de estas cartas mensuales me libera de esta obligación.

1- Cuidar las presencias que tenemos entre los pobres, y profundizar en toda la vida que pueden aportar para la Orden

Todas las misiones que tenemos encomendadas son valiosas, y todas deben ser cuidadas y se debe profundizar en ellas para que aporten vida. Algunas son especialmente significativas por su cercanía al mundo de la pobreza y exclusión, y deben ser especialmente atendidas: escuelas populares con pocos medios y en ocasiones con casi ningún escolapio, comunidades en las periferias de las ciudades (“Sólo desde la periferia se puede ver bien el centro” (Papa Francisco, en su visita apostólica a la parroquia de Santi Elizabetta e Zaccaria de Roma”), incluso en lugares a los que muchas personas se niegan a llegar, casas de formación en ambientes populares en los que el “olor a pueblo” se respira en la comunidad, hogares infantiles para niños en situación de abandono o de riesgo de que termine en la calle, presencias integrales en contextos de pobreza y falta de expectativas, proyectos de apoyo educativo a cientos de niños que sin esa ayuda no podrían seguir estudiando, centros sociales, etc. No quiero hacer una enumeración completa, sólo quiero recordar a todos la importancia que tienen todas estas presencias y comunidades. No sólo deben ser cuidadas, sino que debemos trabajar para que aporten a la Orden todo lo que en ellas se va viviendo y trabajando. A los escolapios que en ellas viven y trabajan les quiero pedir también que no se desanimen nunca, que vivan su misión seguros de estar viviendo profundamente el carisma. Pero también les pido que ayuden a la Orden, que hagan sus aportaciones, que compartan sus descubrimientos. Lo necesitamos.

2- Crecer en una espiritualidad fortalecida desde los pobres

Recuerdo una conversación con un obispo ecuatoriano, en su casa, en la que me decía que de vez en cuando se iba al aeropuerto de Quito a orar la salida y llegada de los emigrantes. Me decía que pasar un día en el aeropuerto compartiendo las escenas de encuentros y despedidas y orar humildemente en torno a esa profunda experiencia de pobreza era algo que la ayudaba mucho en su ministerio episcopal en su diócesis de Loja (ya ha sido trasladado a otra diócesis, hace unas semanas). Para él era una especie de retiro espiritual.

El escolapio debe vivir una “espiritualidad desde el pobre”. Así lo hizo Calasanz, y por ello la Orden fue bendecida con tantas vocaciones y tantas invitaciones a la misión. Orar por los niños y jóvenes que Dios pone en nuestro camino, orar con lo que ellos rezan, desear ser enviados a trabajar entre ellos, vivir y decidir teniéndoles en cuenta, trabajar para poder dar respuestas a las nuevas pobrezas que surgen entre nosotros, cuidar la vivencia del voto de pobreza para que este voto nos vaya transformando poco a poco. La oración, la vivencia espiritual, es lo que realmente nos cambia y nos transforma. Hagámoslo.

3- Enriquecer nuestro propio proceso de formación permanente para entrar en lo que significa realmente ser “pobres de espíritu”.

Para esto hay que hacer un auténtico discipulado. No sé cómo cada uno de vosotros os planteáis esto de “llegar a ser pobres en espíritu”, pero intuyo que es una tarea bien profunda y larga que tiene que ver mucho con cómo vamos viviendo nuestra fidelidad vocacional.

Cuando leemos el Evangelio nos damos cuenta de que para los propios discípulos de Jesús el camino fue largo, y les costó su trabajo. Tuvieron que aprender a orar, a ser conscientes de sus propias contradicciones, a asumir que el Maestro siempre tenía una lectura diferente de las cosas que les hacía pensar de modo nuevo, a comprender qué significa ser como un niño o nacer de nuevo… Sólo desde la experiencia de la Pascua y por el don del Espíritu pudieron pasar de discípulos a apóstoles. Y el aprendizaje no paró.

Para nosotros, “Pobres de la Madre de Dios”, la pobreza de espíritu es una exigencia vocacional, que está en el centro de nuestra identidad escolapia. Como una pequeña aportación en este camino, queremos que el próximo año la Orden tenga la oportunidad de celebrar un “Congreso de Espiritualidad Calasancia”. Ojalá sea una buena oportunidad para descubrir pistas que nos ayuden en este camino espiritual.

4- No hay duda de que para no olvidarnos de los pobres debemos saber vivir la pobreza. Y hacerlo personal y comunitariamente. Estamos ante un tema esencial para nuestra Orden y nuestro futuro. Gracias a Dios, no nos falta lo necesario para vivir y trabajar, aunque en muchos lugares no tenemos suficientes medios para sostener nuestra misión de la manera en la que quisiéramos hacerlo. Pero la vivencia de la pobreza, posiblemente, sea otra cosa. Debemos pensar sobre ello, y ser conscientes de lo mucho que podemos caminar: incluir la austeridad entre los criterios centrales de nuestro discernimiento comunitario, ser exigentes en el cuidado de lo que tenemos, funcionar con claridad en nuestros presupuestos y gastos, conscientes de que el dinero no es nuestro, sino que es de todos, no consentirnos caer en la tentación de que debemos tener algo simplemente porque podemos pagarlo, etc.

Son muchos los temas que se juegan aquí, en todos los aspectos de la vida de la Orden: el contexto en el que colocamos nuestras comunidades, incluidas nuestras casas de formación; la orientación que damos a las nuevas fundaciones; el estilo de vida que asumimos; el tipo de presupuestos económicos que aprobamos; toda nuestra vida tiene que ver con los planteamientos que nos hacemos en relación con la pobreza. No lo perdamos nunca de vista en nuestro discernimiento.

5- La opción por los pobres y la sostenibilidad de nuestra misión. Todos sabemos que este es uno de los debates más actuales que tenemos. Bastantes de nuestras obras en ambiente de pobreza no generan recursos para su sostenibilidad, y esto nos complica mucho las cosas. En muchos lugares la Orden ha subsanado esta dificultad con recursos generados por otras obras que sí los producen, desde un adecuado compartir los bienes en el seno de las Demarcaciones y cada vez más en el conjunto de la Orden. Pero esto siempre será insuficiente. Debemos dar pasos para ir haciendo crecientemente posible la opción por los pobres, sabiendo que esto significará en algunos momentos ir un poco más despacio en algunas de nuestras obras, como siempre ha sido en nuestra Orden. Nunca hemos tenido recursos suficientes, pero las nuevas circunstancias nos obligan a pensar seriamente, y de modo creativo, cómo dar respuesta a la necesidad de avanzar en obras educativas para los más pobres.

6- Dar pasos de consolidación institucional en relación con nuestras presencias entre los más pobres.

El Capítulo General de 2009 ya dio un paso significativo en el reconocimiento institucional de la Educación No Formal, un ámbito en el que trabajamos muy al servicio de los más pobres. Debemos seguir adelante. En estos meses se han dado algunos pasos interesantes en la buena dirección, por ejemplo, con el “Encuentro de responsables de Hogares en América” que propuso la constitución de un “equipo de circunscripción” para impulsar este trabajo tan escolapio, o la propuesta de que el día 8 de julio, aniversario de la muerte de Chinchachoma, sea declarado por la Orden como el “Día de los Hogares”, o el funcionamiento de la “Comisión de Educación No Formal” de la circunscripción española, la propuesta de una reflexión en el seno de la futura circunscripción europea sobre la Educación No Formal, etc.

Pero esta reflexión debe llegar también a la Educación Formal. La educación popular, integral y reglada, está en el corazón de las Escuelas Pías. Tal vez sea el momento de dar pasos significativos para ir organizando una red, sostenible, de escuelas populares calasancias. Hay unas cuantas, y más que podría haber.

Tenemos parroquias que están situadas en contextos de mucha pobreza, y algunas de ellas en ambientes de “misión de frontera”, en contextos en los que la religión católica es minoritaria. Tienen pocos recursos. ¿Podemos organizar una manera de compartir los bienes de forma que parroquias que tienen recursos apadrinen a estas otras parroquias que viven en ambientes de “misión de frontera? Pienso que es una posibilidad que ayudaría mucho, y que ya ha sido propuesta por los superiores mayores de las dos provincias africanas. Pensemos en ello. Es probable que en poco tiempo tratemos de organizar esto de una manera sencilla, pero práctica.

7- Una Formación Inicial desde los pobres. Esto lo aprobó nuestro último Capítulo General, en el documento “El ministerio escolapio requiere espíritu para enseñar a los niños pobres”. Lo que se aprobó fue “fomentar desde la formación inicial el encuentro con los niños pobres“. Sin duda que hay muchas maneras de hacer esto, pero lo que está claro es que en todas las demarcaciones debemos tener presente este objetivo y esta dinámica formativa.

Conozco jóvenes escolapios a los que les ha transformado un año de trabajo (vivido como etapa de experiencia en la formación inicial) entre los más pobres, o una experiencia, aunque sea corta, en una obra escolapia –en ocasiones de otra demarcación- en ambiente de pobreza. Sé lo importante que es para nuestros jóvenes vivir de modo cotidiano en ambientes populares y de sencillez de vida, en cualquier demarcación. Nuestro Capítulo de 2009 lo pidió con fuerza, debemos trabajarlo con claridad.

Termino. He titulado esta breve carta con esa frase que movió el corazón del Papa Francisco: “No te olvides de los pobres“. Le conmovió porque su vida religiosa y ministerial estuvo siempre cerca de los pobres. Por eso, su pontificado también lo estará. Esto es siempre así, y así seguirá siendo: el “no te olvides de los pobres” sólo será acogido en nuestra Orden como una llamada a la conversión si tratamos de vivir desde esa experiencia. Cuidemos este aspecto de nuestra vocación como un tesoro, como una clave de vida. No olvidemos que si no lo cuidamos lo podemos perder3.

“Quien no tiene espíritu para enseñar a los pobres no tiene vocación escolapia o el enemigo se lo ha quitado” (Calasanz, EP 1319)

Os ofrezco un pequeño regalo: la oración con la que rezan frecuentemente en los Hogares de México. Os invito a rezar con ella de vez en cuando:

“Jesús, mi buen amigo, te quiero pedir hoy por todos los niños que viven en la calle. Que están solos, abandonados, desprotegidos, sin un papá o una mamá que los cuide y los quiera. Ayúdame a descubrir tu rostro en cada niño que sufre y enséñame a ser solidario, porque quiero y puedo ayudar. Que no viva indiferente. Dame fuerzas para vivir un amor grande como el tuyo. Que no me quede en palabras, como le pasa a tantos adultos. Enséñame a amar de verdad”.

Recibid un abrazo fraterno. Pedro Aguado. Padre General

Dejar un comentario

nombre*

Correo electrónico* (no publicado)

sitio web