A ANTONIO SALAS, EN SU FALLECIMIENTO

Querido Antonio, Cher Antoine, como todos de llamaban aquí en Camerún:

Sabía tu final entre nosotros, hace ya unos meses, desde tu primera carta y nuestro encuentro en Barcelona en marzo. Me lo comunicaste con naturalidad y convencimiento: “bueno, empiezo un proceso contra una enfermedad importante, pero estoy dispuesto a lo que sea, he hecho ya mi vida y ahora a esperar…..” Y en tu última carta y encuentro también e Barcelona hace prácticamente un mes, me y nos decías: he luchado contra la enfermedad, ahora va a ser contra el dolor; y estoy sólo en las manos de Dios”.  Y todo nos lo has transmitido con la sonrisa en tus labios y con palabras de naturalidad y de fe sincera y profunda.

Nos has enseñado a vivir y vivir en la Misión completamente entregado con alegría y positividad; has sido persona de vida que has generado vida a tu alrededor sobre todo entre los más desfavorecidos de la sociedad: la gente de la Cité Verte, en Yaoundé, donde has dejado una huella profunda que seguimos los escolapios en fidelidad al mismo Dios y al mismo Calasanz que nos han convocado en el camino de  la vida en Camerún, en la acogida de los refugiados en Yaoundé que llegaban de la guerra de los Lagos, en el nacimiento del hermoso seminario de Teología “Bienaventurados Mártires Escolapios”, en Bafia, misión inhóspita por el clima, pero a la que fuiste con una hermosa disponibilidad escolapia.

El otro día viendo el archivo de esta Provincia encontré un diploma que te había concedido el gobierno español y la medalla de Isabel La Católica, reconociendo  tu entrega desinteresada a los marginados sociales. No nos habías dicho nada de esto………. Una prueba de tu sencillez, relativización de los éxitos humanos y de tu afirmación en lo único necesario: el amor evangélico.

Nos has enseñado y retado a vivir y al final también a despedirnos de las cosas de la tierra y a morir. En tu última carta, carta de despedida, nos ofrecías lo mejor que podías ofrecernos en estos meses últimos: tus manos vacías de actividad y tu postración física en el dolor amándonos desde el silencio y el reducido espacio de tu habitación y de tu casa del dolor.

Esta mañana, a la vez, el P. Pallarolas y el P. Manel Sales me comunicaban tu fallecimiento cuando ya revestido con alba y casulla íbamos a comenzar la eucaristía en Bamendjou con presencia de los más de mil niños y niñas de las 6 escuelas, para celebrar a Calasanz. En ella te hemos hecho presente, yo con emoción y ternura en mi corazón, ellos su plegaria “pour le P. Antoine, avec le désir qu’il soit dans la paix éternelle du Pere”. Y te he presentado como un hombre de ida que ha transmitido vida y la sigues transmitiendo, como Calasanz, por un mundo mejor, nunca mejor dicho en tu caso, pues has abierto fronteras geográficas y humanas para hacer un mundo más habitable y mejor.

Te echo de menos, Antonio; cuando llegue aquí acababas de irte para empezar tu proceso de enfermedad en Barcelona. Y te echamos de menos, una vez acostumbrados todos los escolapios, juniores, fieles de Bafia y de Yaoundé, a tu presencia  unificadora y aglutinante en este país. Hay dolor y tristeza en nuestro corazón, que vivimos como oración, plegaria y presencia en la mirada y manos acogedoras y entrañablemente tiernas de Dios, que sabe más que nosotros.

Pero tú no nos quieres tristes y quieres que sigamos caminando, construyendo la casa, la Iglesia, la sociedad, las escuelas y la Escuela Pía africana que contigo hemos venido construyendo. Sigue “echándonos una mano” con tu referencia y tu presencia entre nosotros, como tú y el Padre sabéis hacerlo desde  el corazón, desde el Espíritu y desde la Vida definitiva.

Montón de gracias, Antonio, por tu vida entregada entre nosotros, porque tu persona ha sido sacramento del amor y de la vida del Dios de la Vida y del Amor para este rincón de África, en Camerún y en Senegal, donde también nuestros hermanos te llevan en el corazón; para todos nosotros has sido lazo de unión y generación de fuerzas nuevas con visión clara y corazón ardiente para una Escuela Pía viva y servidora de los preferidos del Evangelio, los más pequeños y pobres.

En nombre de todos y cada uno de los escolapios y laicos de aquí, Antoine, nuestro abrazo más entrañable y amoroso de hermanos.

Gracias, P. Provincial, P. Manel y hermanos de Cataluña, especialmente de la casa de Santa Eulalia, por vuestra acogida y acompañamiento de nuestro hermano P. Antoine, en su proceso de enfermedad y en sus últimos días, con detalle, con esmero y servicio de todos los medios y cuidados necesarios para hacer más fácil su final. Habéis sido bendición de Dios para él; siempre me ha dicho lo bien que se sentía entre vosotros.

Un abrazo a todos desde Camerún. Javier Negro

PARA ACERCARNOS A LA EXHORTACIÓN APOSTÓLICA EVANGELII GAUDIUM

VIDA NUEVA nos ofrece un buen resumen del reciente documento del Papa Francisco.

Las propuestas del papa Francisco para anunciar el evangelio en el mundo actual

Publicado el 26.11.2013

MIGUEL ÁNGEL MORENO | La exhortación apostólica Evangelii Gaudium, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, es el primer documento del que es único responsable el papa Francisco, tras la encíclica Lumen fidei escrita “a cuatro manos” en el que Bergoglio tan solo aportó algunos matices a un trabajo completamente elaborado por su antecesor, Benedicto XVI.

En este documento, Francisco ofrece una visión motivadora e interpelante acerca del espíritu misionero y evangelizador de la Iglesia, a partir de una transformación misionera en la que no rehúye un análisis de la sociedad actual y ofrece claves para el anuncio evangélico en el mundo actual.

En este anuncio se hace especial hincapié en dos cuestiones sociales, como son “la inclusión social de los pobres” y “la paz y el diálogo social”, para incluir como colofón la influencia del Espíritu Santo en el anuncio misionero y el ejemplo de la Virgen María como “Madre de la Iglesia evangelizadora”.

La exhortación está estructurada en una introducción y cinco capítulos: “La transformación misionera de la Iglesia”, “En la crisis del compromiso comunitario”, “El anuncio del Evangelio”, “La dimensión social de la evangelización” y “Evangelizadores con espíritu”. A continuación, ofrecemos algunos extractos de los puntos principales de cada capítulo.

“Un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral.
Recobremos y acrecentemos el fervor”.

Introducción: La alegría del Evangelio

“El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente” (n. 2).

“El bien siempre tiende a comunicarse. Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva una profunda liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás. Comunicándolo, el bien se arraiga y se desarrolla” (n. 9).

“Por consiguiente, un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral. Recobremos y acrecentemos el fervor, ‘la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas (…) Y ojalá el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza— pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo’” (n. 10)

“Todos tienen el derecho de recibir el Evangelio. Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable. La Iglesia no crece por proselitismo sino «por atracción»” (n. 14).

“Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo,
para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial
se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual
más que para la autopreservación”.

Capítulo I: La transformación misionera de la Iglesia

“La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan. ‘Primerear’: sepan disculpar este neologismo. La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor (cf. 1 Jn 4,10); y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva. ¡Atrevámonos un poco más a primerear!” (n. 24)

“Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación” (n. 27)

“En su constante discernimiento, la Iglesia también puede llegar a reconocer costumbres propias no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia, que hoy ya no son interpretadas de la misma manera y cuyo mensaje no suele ser percibido adecuadamente. Pueden ser bellas, pero ahora no prestan el mismo servicio en orden a la transmisión del Evangelio. No tengamos miedo de revisarlas. Del mismo modo, hay normas o preceptos eclesiales que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas pero que ya no tienen la misma fuerza educativa como cauces de vida” (n. 43).

“Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo. Repito aquí para toda la Iglesia lo que muchas veces he dicho a los sacerdotes y laicos de Buenos Aires: prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (n. 49).

“Hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la inequidad.Esa economía mata”.

Capítulo II: En la crisis del compromiso comunitario

“Así como el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir ‘no a una economía de la exclusión y la inequidad’. Esa economía mata. (…) Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. (…) En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del ‘derrame’, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando” (nn. 53 y 54).

“El proceso de secularización tiende a reducir la fe y la Iglesia al ámbito de lo privado y de lo íntimo. Además, al negar toda trascendencia, ha producido una creciente deformación ética, un debilitamiento del sentido del pecado personal y social y un progresivo aumento del relativismo, que ocasionan una desorientación generalizada, especialmente en la etapa de la adolescencia y la juventud, tan vulnerable a los cambios. (…) El individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas, y que desnaturaliza los vínculos familiares” (nn. 64 y 67).

“Nuestro dolor y nuestra vergüenza por los pecados de algunos miembros de la Iglesia, y por los propios, no deben hacer olvidar cuántos cristianos dan la vida por amor: ayudan a tanta gente a curarse o a morir en paz en precarios hospitales, o acompañan personas esclavizadas por diversas adicciones en los lugares más pobres de la tierra, o se desgastan en la educación de niños y jóvenes, o cuidan ancianos abandonados por todos, o tratan de comunicar valores en ambientes hostiles, o se entregan de muchas otras maneras que muestran ese inmenso amor a la humanidad que nos ha inspirado el Dios hecho hombre” (n. 76).

“Cuando más necesitamos un dinamismo misionero que lleve sal y luz al mundo, muchos laicos sienten el temor de que alguien les invite a realizar alguna tarea apostólica, y tratan de escapar de cualquier compromiso que les pueda quitar su tiempo libre. Hoy se ha vuelto muy difícil, por ejemplo, conseguir catequistas capacitados para las parroquias y que perseveren en la tarea durante varios años. Pero algo semejante sucede con los sacerdotes, que cuidan con obsesión su tiempo personal” (n. 81).

“La mundanidad espiritual, que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, es buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal” (n. 91).

“Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres, a partir de la firme convicción de que varón y mujer tienen la misma dignidad, plantean a la Iglesia profundas preguntas que la desafían y que no se pueden eludir superficialmente. El sacerdocio reservado a los varones, como signo de Cristo Esposo que se entrega en la Eucaristía, es una cuestión que no se pone en discusión, pero puede volverse particularmente conflictiva si se identifica demasiado la potestad sacramental con el poder. No hay que olvidar que cuando hablamos de la potestad sacerdotal ‘nos encontramos en el ámbito de la función, no de la dignidad ni de la santidad’. El sacerdocio ministerial es uno de los medios que Jesús utiliza al servicio de su pueblo, pero la gran dignidad viene del Bautismo, que es accesible a todos” (n. 194).

“La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita,
donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado
y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio”.

Capítulo III: El anuncio del Evangelio

“Ser Iglesia es ser Pueblo de Dios, de acuerdo con el gran proyecto de amor del Padre. Esto implica ser el fermento de Dios en medio de la humanidad. Quiere decir anunciar y llevar la salvación de Dios en este mundo nuestro, que a menudo se pierde, necesitado de tener respuestas que alienten, que den esperanza, que den nuevo vigor en el camino. La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio” (n. 114).

“En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador, y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus acciones. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados” (n. 120)

“La homilía no puede ser un espectáculo entretenido, no responde a la lógica de los recursos mediáticos, pero debe darle el fervor y el sentido a la celebración. Es un género peculiar, ya que se trata de una predicación dentro del marco de una celebración litúrgica; por consiguiente, debe ser breve y evitar parecerse a una charla o una clase” (pto. 138).

“Otra característica es el lenguaje positivo. No dice tanto lo que no hay que hacer, sino que propone lo que podemos hacer mejor. En todo caso, si indica algo negativo, siempre intenta mostrar también un valor positivo que atraiga, para no quedarse en la queja, el lamento, la crítica o el remordimiento” (n. 159).

“Hemos redescubierto que también en la catequesis tiene un rol fundamental el primer anuncio o ‘kerygma’, que debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial. El kerygma es trinitario. Es el fuego del Espíritu que se dona en forma de lenguas y nos hace creer en Jesucristo, que con su muerte y resurrección nos revela y nos comunica la misericordia infinita del Padre. En la boca del catequista vuelve a resonar siempre el primer anuncio: ‘Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte’” (n. 164).

“Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas,
sin influencia alguna en la vida social y nacional.
Una auténtica fe siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo”.

Capítulo IV: La dimensión social de la evangelización

“Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. ¿Quién pretendería encerrar en un templo y acallar el mensaje de san Francisco de Asís y de la beata Teresa de Calcuta? Ellos no podrían aceptarlo. Una auténtica fe —que nunca es cómoda e individualista— siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra” (n. 183).

“La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar, no solo por una exigencia pragmática de obtener resultados y de ordenar la sociedad, sino para sanarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que solo podrá llevarla a nuevas crisis. Los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, solo deberían pensarse como respuestas pasajeras. Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales” (n. 202).

“¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo! La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común (…) ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres!” (pto. 205)

“Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo. Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Si esta convicción cae, no quedan fundamentos sólidos y permanentes para defender los derechos humanos, que siempre estarían sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno. La sola razón es suficiente para reconocer el valor inviolable de cualquier vida humana, pero si además la miramos desde la fe, ‘toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre’” (n. 213).

“Precisamente porque es una cuestión que hace a la coherencia interna de nuestro mensaje sobre el valor de la persona humana, no debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión. Quiero ser completamente honesto al respecto. Este no es un asunto sujeto a supuestas reformas o ‘modernizaciones’. No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana. Pero también es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?” (n. 214)

“La Iglesia no pretende detener el admirable progreso de las ciencias. Al contrario, se alegra e incluso disfruta reconociendo el enorme potencial que Dios ha dado a la mente humana. Cuando el desarrollo de las ciencias, manteniéndose con rigor académico en el campo de su objeto específico, vuelve evidente una determinada conclusión que la razón no puede negar, la fe no la contradice. Los creyentes tampoco pueden pretender que una opinión científica que les agrada, y que ni siquiera ha sido suficientemente comprobada, adquiera el peso de un dogma de fe. Pero, en ocasiones, algunos científicos van más allá del objeto formal de su disciplina y se extralimitan con afirmaciones o conclusiones que exceden el campo de la propia ciencia. En ese caso, no es la razón lo que se propone, sino una determinada ideología que cierra el camino a un diálogo auténtico, pacífico y fructífero” (n. 243).

“Un sano pluralismo, que de verdad respete a los diferentes y los valore como tales, no implica una privatización de las religiones, con la pretensión de reducirlas al silencio y la oscuridad de la conciencia de cada uno, o a la marginalidad del recinto cerrado de los templos, sinagogas o mezquitas. Se trataría, en definitiva, de una nueva forma de discriminación y de autoritarismo. El debido respeto a las minorías de agnósticos o no creyentes no debe imponerse de un modo arbitrario que silencie las convicciones de mayorías creyentes o ignore la riqueza de las tradiciones religiosas. Eso a la larga fomentaría más el resentimiento que la tolerancia y la paz” (n. 255).

“La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar.
Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme.
Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo”.

Capítulo V: Evangelizadores con espíritu

“Una evangelización con espíritu es muy diferente de un conjunto de tareas vividas como una obligación pesada que simplemente se tolera, o se sobrelleva como algo que contradice las propias inclinaciones y deseos. ¡Cómo quisiera encontrar las palabras para alentar una etapa evangelizadora más fervorosa, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin y de vida contagiosa! Pero sé que ninguna motivación será suficiente si no arde en los corazones el fuego del Espíritu” (n. 261).

“La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás. Pero si uno separa la tarea por una parte y la propia privacidad por otra, todo se vuelve gris y estará permanentemente buscando reconocimientos o defendiendo sus propias necesidades. Dejará de ser pueblo” (n. 273).

“Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hch 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización. (…) Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes” (nn. 284 y 288).

– See more at: http://www.vidanueva.es/2013/11/26/publicada-la-evangelii-gaudium-primera-exhortacion-apostolica-del-papa-francisco-propuestas-anunciar-evangelio-mundo-actual/#sthash.RG3g8ZNb.dpuf

Exhortación apostólica «Evangelii gaudium»

«La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. En esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos, para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años».

Así comienza este documento que nos invita a la alegría y a transmitirla a todo el mundo.

Podemos descargarlo en http://www.vatican.va/holy_father/francesco/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium_sp.pdf

NUEVO PAPIRO CON VALIOSA APORTACIÓN SOBRE LA COMUNICACIÓN CRISTIANA DE BIENES

El recientemente publicado PAPIRO 207, además de otros apartados habituales de información y compartir experiencias, se centra en un interesante trabajo sobre la comunicación cristiana de bienes.

Se trata del trabajo final del máster sobre Doctrina social de la Iglesia que realizó el curso pasado Igor, ministro de la transformación social de la Provincia y Fraternidad de Emaús, sobre este asunto. Se recoge la reflexión que se ha ido haciendo en la Biblia, en la tradición e historia de la Iglesia, en los documentos actuales y en la experiencia eclesial del momento. Se aporta también algunos testimonios y experiencias de la Fraternidad en este compartir los bienes.

Es una gran aportación para la reflexión y para la actuación en la solidaridad económica.

Lo podemos encontrar en http://www.itakaescolapios.org/pdf-sender.php?file=wp-content/uploads/2012/07/207-compartir-bienes.pdf

Crónica desde Filipinas (4ª parte)

23.11.2013

Hoy se cumplen poco más de dos semanas desde que el tifón Yolanda arrasó toda una serie de ciudades e islas en Filipinas. Hasta el momento, el recuento de las víctimas nos habla de 5.209 muertos, 1.611 desparecidos y 23.404 heridos; 918.000 personas permanecen desplazadas y unas 360.000 viven en centros de evacuación. Prosiguen las tareas de búsqueda de los desaparecidos, con resultados muchas veces infructuosos. Posiblemente muchos de ellos arrastrados al mar. Los sobrevivientes reviven la memoria de los familiares perdidos.

Es cierto que este tifón ha rebasado ampliamente otras tragedias parecidas tanto por el número de muertos, desaparecidos y heridos, cuanto por la cantidad de gente afectada, y por los daños producidos en infraestructuras. Pero también ha puesto al descubierto que existe una falta de preparación para estas desgracias naturales, o que la existente es muy pobre para responder adecuadamente a las mismas. Ha habido una gran ayuda de países y de particulares tanto de Filipinas cuanto de otras organizaciones.

El viernes, día 22, llegaba un barco con más de mil voluntarios de Japón –incluyendo doctores e ingenieros-, que traían con ellos alimentos, medicinas, etc. y equipamiento pesado para ayudar a limpiar la ciudad de Tacloban, y a restaurar la normalidad. Este grupo extenderá su asistencia a otras áreas como la isla de Samar. Ayudarán a restablecer las líneas eléctricas y a reconstruir hospitales y aeropuertos. Quien ha podido ver en internet las fotos de las ciudades afectadas en Japón por el tsunami que arrasó ciudades de la costa nordeste de Japón y su posterior limpieza y reconstrucción, sabrá valorar la importancia de esta ayuda llegada de Japón. En próximos días se espera la llegada de dos barcos más.

Se puede decir que las fuerza locales de gobierno están ya funcionando. También el gobierno central se ha hecho más palpable y actuante. Pero la presencia y asistencia del gobierno fue muy pobre en los primeros días, y ha sido objeto de abundantes críticas

Algún periodista escribía que ha habido dos desastres producidos por el tifón Yolanda. Uno, debido a las fuerzas de la naturaleza, el otro fruto de la respuesta de los hombres. El primero golpeando con una furia nunca conocida (yendo a los archivos periodísticos nos encontramos que en 1912 hubo otro gran tifón que produjo más diez mil muertes en esta misma área). El segundo, relacionado con la lentitud del gobierno para responder al desastre. Este segundo ha durado varios días y ha dejado a muchas personas aturdidas y furiosas, por las declaraciones desafortunadas de miembros del gobierno, por el modo como el presidente cargó las culpas en el alcalde de Tacloban, olvidando que la ciudad estaba arrasada, que los policías, soldados, y trabajadores de la municipalidad estaban entre los afectados y por la tardanza en actuar. Dadas las circunstancias la tarea recaía en el gobierno nacional, pero dónde estaba este gobierno? Ante catástrofes de esta magnitud, los gobiernos locales quedan sobrepasados (como pasó con el huracán Sandy en USA, donde Obama tomó la iniciativa). El gobierno local de Tacloban no necesitaba una ayuda, sino ser reemplazado en las tareas de respuesta al tifón.

Posteriormente la respuesta ha sido más adecuada, pero el vacío de los primeros días, al menos en la respuesta oficial todavía está en el sentimiento de muchas personas. De cara al futuro el gobierno tendrá que marcarse unas líneas de acción y unos programas más acordes con lo que circunstancias semejantes exigen.

Comentábamos que el domingo anterior ya se pudieron celebrar misas en diferentes lugares, muchas veces a cielo abierto o en iglesias que habían perdido total o parcialmente parte de su tejado. Llovía pero esto no impidió que las personas, muchas de ellas sin casas y en situación de duelo por pérdida de familiares, amigos, vecinos, participasen en las celebraciones,

Unas 300 personas in Guiuan, la primera ciudad en ser golpeada por el tifón asistieron a la misa del domingo en el patio de la ahora ruinosa iglesia -con más de 400 años- dedicada a la Inmaculada Concepción.  En Tacloban cientos de devotos se sentaron en los bancos de un suelo empapado de la parroquia del Santo Niño. El testimonio de algunas personas resulta impactante: La iglesia ha podido quedar destruida pero nuestra fe está intacta, como creyentes, como pueblo de Dios. “Faith is stronger than storm”. Decía una de las fieles, mi fe es más fuerte que la tormenta. Otra fiel decía que había asistido a una misa tempranera para reafirmar su fe y pedir coraje para afrontar la tragedia sufrida por miles de personas en la región. Unos vinieron para dar gracias por haber sobrevivido; otros rezaban por los fallecidos. Una mujer de 25 años en Roxas, Capiz, que había perdido su casa en el área costera vino a misa cargando con su hijito de dos meses, admitiendo que era la primera vez que iba a la iglesia en varios meses. “He pedido a Dios que nos ayude”, decía.

El tamaño del desastre y las tragedias personales han sido una dura prueba para su fe, especialmente para gente como el vendedor Rodolfo Susaya que perdió a su esposa y a su hija, o como para la familia Icao, que perdi’o sus cinco hijos de 8, 6, 5, 2 y 1 año, en Tacloban. La madre, Irene Icao, decía que los esfuerzos de su esposo por salvarlos no dieron fruto, y ella también perdió a su hijo pequeño ante la fuerza de las aguas. Es como si mi corazón se hubiera rasgado, cuando oía sus gritos pidiendo ayuda.

Esta semana, el Papa Francisco abrazaba al Arzobispo Cardenal de Manila Luis Antonio Tagle en Roma. El Papa dirigiéndose a la comunidad de filipinos que viven en Roma les decía:

Por qué suceden estas cosas? No puede ser explicado. Hay tantas cosas que no podemos entender. En estos momentos de sufrimiento no seáis tímidos para preguntar: por qué?, justo como lo hacen los niños. Atraeréis los ojos de vuestro Padre sobre vuestro pueblo. Vosotros atraeréis la ternura de vuestro Padre celestial sobre vosotros.

El Papa añadió que cuando los niños preguntan el porqué a sus padres, lo que realmente están pidiendo es amor. Ese es el motivo, dijo, por el que los adultos deben ser como ellos durante tragedias como el tifón. En estos momentos de sufrimiento, tal vez es la oración más útil y provechosa. Preguntar por qué en la oración. Deben rezar la que él llama “la oración del porqué”, como hacen los niños muchas veces con sus padres, y no esperando respuestas. Y añadió yo también os acompaño en la oración del porqué.

Ha comenzado la tarea de reconstrucción, una reconstrucción que abarca nuevas casas y reparación de las damnificadas, carreteras, escuelas, hospitales, industrias, comercios, medios de vida, hasta la ayuda a pequeños pescadores para que puedan reparar sus botes. Los trabajos de ayuda se centran ahora en ofrecer asistencia vital a los sobrevivientes.

En la reconstrucción de las casas las últimas experiencias de terremoto en Bohol y del tifón en las islas Visayas obligan a repensar el modelo de construcción para afrontar terremotos y tifones. Y no es fácil dar con ese modelo. Cuanto más ligera es la casa tanto más susceptible es de ser dañada por fuertes vientos; cuanto más pesada, más sentirá los efectos del terremoto si no tiene una fundamentación muy fuerte.

Los relatos de ayuda e incluso de heroísmo van siendo conocidos.  Las muestras de solidaridad están siendo incontables y muy fuertes, y las personas y grupos empiezan a asumir su parte en la reconstrucción Y junto con las reconstrucción un llamada fuerte a la responsabilidad de los gobiernos nacional, provinciales y locales: han  de estar mejor preparados para afrontar situaciones de calamidad bien sea debido a tifones, volcanes, terremotos u otras contingencias.

Un abrazo.  Miguel Artola