PROPUESTAS DE AVANCE EN ESTE AÑO JUBILAR ESCOLAPIO

Este año tan escolapio nos ofrece importantes oportunidades entre las que cabe destacar dos iniciativas que se acaban de poner en marcha:

  • 400 + como año de crecimiento en clave de cultura vocacional para jóvenes de los colegios y de los grupos del Movimiento Calasanz, tal como se puede ver en las imágenes.
  • Experiencia Calasanz 2016-2017 con una propuesta de actividades a la Fraternidad para acercarse más a lo escolapio y para incorporarlo en la propia vida: compartiendo en la pequeña comunidad, aprovechando los ejercicios de la Fraternidad, conocer alguna presencia escolapia, leer algún libro y artículos escolapios, acercarse unos días a Peralta y/o Roma…

ITAKA ATENEO: UNA PROPUESTA FORMATIVA

El Equipo del ministerio de la transformación social hace una propuesta formativa para la Fraternidad en torno a la temática ecosocial en la que tanto está insistiendo el Papa por la urgencia que tiene.

Se trata de cuatro encuentros con las correspondientes tareas previas que nos ayuden a formarnos para transformar(nos).

Más información en http://www.escolapios21.org/wp-content/uploads/2016/12/itaka-ateneo-2017.pdf

CONSTRUIR JUNTOS LAS ESCUELAS PÍAS

APORTACIÓN DEL CONSEJO DE LA FRATERNIDAD GENERAL EN EL ACTO INICIAL DEL AÑO JUBILAR ESCOLAPIO EN ROMA

Acto de inauguración del Año Jubilar Calasancio. Roma 27 de noviembre de 2016

Se nos propone como título de esta pequeña aportación una metáfora que es, sin duda, muy sugerente. “Construir juntos las Escuelas Pías”. El verbo construir es un verbo poderoso. Además de por su sonoridad, al menos en castellano, también lo es porque sugiere una acción planificada, continuada, enérgica, y destinada a crear algo sólido, con vocación de perdurar. No se puede hablar de construir algo de la noche a la mañana, ni hacerlo con materiales endebles, ni con la perspectiva de que se lo lleve la primera tormenta de verano. El Evangelio nos recuerda la importancia de construir sobre roca para que la casa perdure y hasta los cuentos infantiles que contamos a nuestros hijos y alumnos salvan del peligro a quienes construyen su casa con materiales sólidos.

Habrá, quizás, quien nos recuerde que un verbo tan ligado a la experiencia y a la vocación humana, corre el riesgo de olvidar que la construcción de las Escuelas Pías no es sólo cosa del empeño y acierto humano, sino también gracia del mismo Dios. Y no está mal el recordatorio. Pero para quienes creemos que todo lo Bueno es obra de Dios y, por tanto, regalo incondicional de su infinito Amor de Padre, es fundamental asumir que todo Don conlleva una responsabilidad, una tarea. Asimismo, para quienes seguimos a quien fue ejemplo de tesón y de paciencia como nuestro Santo Calasanz, es ineludible recordar siempre, lo que él tantas veces nos sigue diciendo: nada de lo que hacemos tiene valor sin contar con la Gracia de Dios. Es por esto que, sin duda, las Escuelas Pías, como pequeña parcela del Reino de Dios que son, sólo pueden ser, a la vez, gracia y promesa. Regalo y proyecto. Don y tarea.

Construimos día a día las Escuelas Pías, pero como albañiles inútiles al servicio del Gran Arquitecto. Muchas veces he pensado que los escolapios deberíamos profundizar en nuestra “espiritualidad del andamio”. Cualquiera que haya descubierto el tesoro de dedicarse a la educación, ha tenido que sentir la misma sensación: acompañar a los niños y niñas desde la más tierna infancia, desde los fundamentos, ver cómo van creciendo las paredes maestras de su personalidad, cómo llegan a lo más alto las torres de su vocación, para desde el andamio, con energía, pero siempre con esmero y delicadeza, aportar el material de construcción necesario y, en un momento, retirarse sin demasiados honores, pero felices, de haber aportado algo a ese hermoso edificio que es cada persona. La espiritualidad del andamio, sentirse un sencillo albañil al servicio del Gran Arquitecto, que es quien sueña cada persona, es la vía humilde de quien no espera recompensa, menos incluso que los maestros canteros, que tenían que dejar su marca en las piedras para poder cobrar; es el camino de quien después de dejar la vida en la obra, no aspira a dejar rastro, pero guarda en su corazón la alegría del trabajo bien hecho, la admiración por la grandeza del edificio, y, al final de su obra, descansa en la mirada reconfortante del Arquitecto, cariñoso y paternal.

Como en tiempos de Calasanz, construir las Escuelas Pías requiere también de quien se preocupe por la solidez y seguridad de los andamios que son nuestras obras, de que no falte nunca el material de construcción, de seguir llamando a más obreros para tan “muy necesaria” Obra. Quienes tienen hoy la responsabilidad de dirigir las Escuelas Pías, recorren nuestras presencias como directores de obra, con la insustituible tarea de escuchar y animar a quienes nos afanamos en el trabajo diario de levantar los andamios escolapios y a quienes sueñan con pertenecer algún día a una plantilla tan entregada. Este año de Jubileo es también tiempo de agradecer a Dios por la vocación y el ánimo de quienes han sucedido a Calasanz en esta tarea.

Pero, además, en el andamio vamos aprendiendo que nadie construye nada que valga la pena en solitario. El mismo Dios, que se nos revela Comunidad Trinitaria y envió a su Hijo, para convocar y conformar una comunidad que anunciara su Reino, inspiró a Calasanz, hace 400 años, para que no descansara congregando colaboradores que dieran estabilidad a sus Escuelas.

Y ciertamente, Calasanz sigue convocando. Como trabajadores de la última hora, la Fraternidad de las Escuelas Pías, junto a miles de colaboradores laicos en todo el Mundo, hemos escuchado esta llamada que nos llega través de los siglos gracias al testimonio callado de tantos escolapios.

Los teólogos dicen que nuestro Dios es el Dios que crea el espacio junto a sí para que el Hombre pueda participar de su labor creadora. Los escolapios, por inspiración del mismo Espíritu, habéis generado el espacio suficiente en vuestro andamio para que, codo con codo, podamos participar en vuestra Obra.  Desde que dijerais, solemnemente, en un Capítulo General, “Nosotros, escolapios, religiosos y laicos…” ya no nos sentimos sólo invitados, sino convocados a trabajar en el que, cada vez más, es también nuestro andamio, nuestra Obra, nuestra Misión. Y no sólo espacio en el andamio, en el trabajo, en el cansancio, sino también vuestros más preciados tesoros: vuestra Historia, vuestra espiritualidad, vuestro carisma, hasta vuestra casa y vuestra vida, como San Pablo, la habéis compartido con nosotros. Es cierto que a veces llegamos con demasiado alboroto, desordenándolo todo, cambiándoos de sitio todas las herramientas y poniéndolo todo perdido. Pero vosotros, con paciencia de buenos educadores, habéis sabido responder comprensivos, generando nuevos espacios, nuevos nombres, nuevas narraciones que nos ayuden a entendernos mejor, a recibir este regalo de la última hora que son las Escuelas Pías de hoy. El último Capítulo General ha consagrado los nuevos nombres de esos espacios donde todos, religiosos y laicos, hombres y mujeres, casados y célibes, jóvenes y viejos, nos podemos sentir y sentar en circularidad, como en nuestra propia casa: el modelo de Presencia Escolapia, la Comunidad Cristiana Escolapia, la misma Fraternidad Escolapia, la vocación del escolapio laico, los ministerios laicales, la Misión Compartida, el Movimiento Calasanz, la Fundación Itaka-Escolapios, son los nuevos andamios,  los nuevos lugares que, junto a los que siempre han sido y serán, permiten explicar mejor qué son hoy  las Escuelas Pías, tan diversas y  tan ricas, y,  sobre todo, qué pueden llegar a ser, con el favor de Dios.

Es muy importante que todos entendamos y sintamos que esta novedad no cuestiona, ni desfigura, ni invalida, ni mucho menos destruye todo lo que las Escuelas Pías son y han sido en estos 400 años. Por un lado, estos nuevos andamios son obra, original y exclusiva, diría con cierto orgullo, de las propias Escuelas Pías, por lo que no pueden cuestionar su propio origen. Por otro lado, la Orden los genera, sin duda, para poder responder mejor a los retos del presente y del futuro, que sigue condenando en todo el mundo a millones de niños, niñas y jóvenes al analfabetismo y la miseria, o a la desesperanza de la falta de sentido, incluso viviendo en la opulencia material. Lo hace, también para poder seguir educando y convocando a más jóvenes a que entreguen su vida como religiosos y sacerdotes, como animadores de comunidades cristianas adultas, como educadores sin tacha, como padres y madres acogedoras, como profesionales de cualquier ámbito, sensibles al dolor ajeno, sobre todo de la infancia y la juventud más vulnerable, como personas solidarias que buscan una sociedad más justa que acoja al pequeño y al pobre, a la enferma, al extranjero, a la maltratada, al excluido, a la refugiada.

La Fraternidad Escolapia, junto con todos los colaboradores laicos, se siente agraciada, y por ello agradecida, de tener un lugar en la construcción de las Escuelas Pías. Somos conscientes de que una buena construcción necesita, además de andamios y albañiles, un buen cemento. La identidad escolapia es el cemento que garantiza la solidez de nuestra construcción.

No concebimos la identidad escolapia como un testigo que se entrega, como si de una carrera de relevos se tratara. Quien entrega el testigo se para, se queda sin tener qué hacer, se queda vacío, sin razón para seguir corriendo. Y lo último que necesitamos en las Escuelas Pías es que haya quien se sienta que ya no tiene qué hacer, que ya terminó su carrera, que ya no hace falta que dé más. Entendemos la identidad escolapia, más bien, como un colorido tejido en el que empezamos a tejer todos juntos aportando cada cual sus propias hebras identitarias, cosiendo cada quien sus propios retazos de tela vocacional. En el Gran Relato que inició Calasanz hace 400 años, y que hoy son las Escuelas Pías, los relatos fundacionales, el relato vocacional de cada uno de nosotros, , las historias vitales de cada niño y cada joven que atendemos, son hilos insustituibles que nos fortalecen y nos dan identidad a todos los demás. Nadie, joven o sabio, religioso o laico, hombre o mujer, sobra en esta tarea de tejer la identidad escolapia de nuestras obras, de dar sentido a todo que hacemos desde nuestros andamios.

La construcción de las Escuelas Pías, es, hoy más que nunca, cosa de todas y todos nosotros. Tenemos los andamios, los albañiles, los directores de obra y el cemento. Contamos, como siempre, con la mirada atenta y cariñosa del Gran Arquitecto.

Construyamos, pues, juntos, celebrémoslo juntos y, no olvidemos de seguir contándolo juntos.

Alberto Cantero. Consejo General de la Fraternidad Escolapia.

EDUCAR CON PROCESOS

Los educadores bien sabemos que son los procesos, cuidados, acompañados pacientemente, los que permiten el crecimiento personal de niños, jóvenes y adultos.

Los escolapios impulsamos procesos educativos y pastorales que conlleven procesos de transformación social (educar, anunciar, transformar).

Algunos de estos importantes procesos los encontramos descritos en http://www.escolapios21.org/procesos/